Una atracción principal del espíritu religioso

Una atracción principal del espíritu religioso es ofrecer tranquilizar la conciencia… lo cual hará en cierta medida. Pero esto no puede quitar la culpa. Sólo lo hará el arrepentimiento.
Una de las cosas más escandalosas y dañinas del espíritu religioso y que a menudo no nos damos cuenta, es que es un substituto del trabajo constante, activo y vivo de Cristo en nuestro corazón.

La prevalencia y la omnipresencia del espíritu religioso,  se mueve a nuestro alrededor silenciosamente en todos los rincones de nuestro corazón y empieza a ejercer su influencia en nuestro comportamiento. Nos hace creer que podemos permanecer cerca de Dios sin el alto precio de la incomodidad de morir a nuestra propia vida. Sin duda, es una mentira. Promete hacernos conocidos por lo que sabemos, el espíritu religioso busca trabajar con nuestras inseguridades y en la auto promoción, despertando nuestro deseo de autoaprobación para percibir autoproclamación como un medio válido de promoción.

Esta influencia colectiva trae una intoxicación y un orgullo espiritual, haciéndonos creer que vemos y entendemos las cosas que están fuera de nuestro alcance, lo que está más allá de nuestro rango. Lo que se posiciona a sí mismo como audacia suele ser farisaísmo.
Nos aleja de la humildad y de la sensibilidad a la aportación por parte de los demás, llevándonos hacia lo que en realidad es una prisión de autoengaño.

La respuesta a nuestras inseguridades no es reforzar nuestra autoestima con mentiras, sino centrándonos en la obra de Cristo a nuestro favor y en su trabajo en nuestro interior. Él nos valora, y a través de esta conciencia, atesoramos Su valiosa e importante obra.

La humildad es el antídoto contra el estado delirante del orgullo, a menudo provocado por el espíritu religioso. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios, que Él puede promoverte en la debida temporada.

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