
La palabra de Dios vino a Jonás hijo de Amitay:«Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia».
Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir de Dios. Bajó a Jope, donde encontró un barco que zarpaba rumbo a Tarsis. Pagó su pasaje y se embarcó con los que iban a esa ciudad, huyendo así de Dios. – Jonás 1:1-3
Hay un gran contraste en la respuesta de Jonás al llamado de Dios de ir a Nínive y la de Abraham cuando Dios lo llamó a dejar todo para “ir a la tierra que Dios le mostraría”.(1) Jonás sabía exactamente dónde lo quería Dios, debía ir a Nínive y él fue en la dirección opuesta. Abraham, por el contrario, no tenía idea de cuál dirección debía ir, simplemente tenía que poner un pie delante del otro (empezar a moverse) y confiar en la palabra de Dios.


